Insomnio.
4:55 a.m., cuarto cigarrillo del día.
Mis ojos no pueden más,
el dolor físico me invade,
pero no duele más que el alma.
El mundo se parte en líneas delgadas,
en voces rotas,
que dividen todas las conjugaciones posibles del ego
a veces, de mitos inexistentes,
a veces, de eventos cotidianos,
a veces, sólo quisiera regresar el tiempo...
Es duro comprender que ya no eres un niño,
es duro darte cuenta de que nada regresará,
es duro aceptar que no mereces nada,
nada, más que la tumba que te espera prematuramente,
para saldar viejas deudas,
algunas de ellas ajenas,
porque es tu destino,
porque eres un error,
por que no encajas,
por que eres como llevar arena al desierto...
Nadie te necesita.
Ese soy yo.
Empieza la cuenta regresiva.
Quisiera hacer cosas imposibles,
quisiera salvarte,
quisiera salvarme,
quisiera algún día obtener el perdón divino por llegar tarde a tu vida,
por no ser quien hubiera querido ser con toda mi alma,
lo daría todo por tener la oportunidad de serlo un sólo instante,
por que nada hay en este mundo, que quiera más que a ti.
Sé que Él me perdonará, cuando le pague con mi sangre.
Tal vez tú lo hagas,
Sin embargo, ¿Habré de perdonarme yo alguna vez?
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